El viernes que Toni dejó de ir a cortar fuera
Viernes, las seis y media de la tarde. Toni mira su furgoneta cargada con doce planchas de inox y hace la cuenta de siempre: cuarenta minutos hasta el taller de corte, más la cola, más que hasta el martes no las tiene de vuelta.
El cliente las quiere el lunes. El taller de la otra punta del polígono ya las ha entregado. Y Toni, que suelda mejor que ninguno, está parado en su propia nave esperando a que otro le corte el dinero de sus piezas.
Lo había normalizado. Como tantos. "Es lo que hay": cargas, llevas, pagas el corte, pagas la gasolina, esperas, vuelves a cargar. Y cada plancha que sale por esa puerta para cortarse fuera es un trozo de margen que se queda por el camino.
"Un día eché la cuenta de lo que pagaba al año solo en cortes y portes. Casi me caigo de la silla. Estaba pagando una máquina entera... para no tenerla."
— Toni, metalistería · Marratxí (Mallorca)Hasta que probó la MIC COMBO en su propia nave. Una máquina sola, enchufada a 220V, que le cortaba el inox, el acero y el aluminio… y además el metacrilato y la madera de los carteles que antes mandaba a otro sitio. Grababa. Soldaba. Limpiaba el óxido sin lijar.
A los dos meses, Toni ya no cargaba la furgo los viernes. Cortaba el sábado por la mañana, en mangas de camisa, con la radio puesta. Y entregaba el lunes a primera hora. La misma cara de antes, pero sin pedirle el favor a nadie.